Tenía un amigo que tenía un perro, no me pregunten la raza porque no la se. Me parece que era medio callejero, son los más vivos. Mi amigo vivía en un ambiente con un patio chiquito, el perro era tamaño medio tirando a chico, y se llevaban bien.
Yo me llevaba bien con el perro, no jodía en las reuniones de los amigos, se comía lo que quedaba del asado o la milanga, sin problemas. Me caía bien, hasta muy bien, hasta que el pibe nos confesó para que lo tenía entrenado.
Caía una mina a la casa del pibe, y el perro sabía qué hacer. Creo que hasta tenía palabras o señales clave para darle las órdenes. Primero se hacía el super mimoso, estaba con la mina, y si la mina agarraba, mucho mimo y etc., para irlas aflojando. Hasta ahí todo bien. La mina: que perrito más lindo, divino.
Pero en un momento el perro se empezaba a tocar. La mina pensaba: que perro degenerado, pero bueno, es natural, será la adolescencia del perro pobre. La cosa es que era una señal. Lo mandaba el pibe a hacer chanchadas.
Yo pienso. ¿Que pensará la mina? Debe ser bastante asqueroso, a mí me da un asquito importante cuando veo a un rope así.
Después venía la maniobra de mi amigo. Lo sacaba cagando al perro, se enojaba con todo el show, lo encerraba en el patio, y a la vuelta le tiraba las indirectas a la mina: que perro de mierda, pero bueno, es inteligente, y sabe que entre nosotros hay atracción, entonces el perro se calienta. El perro le daba el pie al pibe para meter el tema sexo en la conversación.
Nunca nos contó si le dio mucho éxito. Para mí la estrategia es bastante mala. Si la mina quería sexo, el perro no ayuda. Si no, el perro no ayuda, creo. Por lo menos te da el pie. Perro copado.
martes 29 de diciembre de 2009
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